La nueva entrada en Jerusalén

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La Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén y María Santísima del Amparo, vulgo Pollinica, presentará la próxima Semana Santa uno de los estrenos más esperados de los últimos años y que cambiará la fisionomía de la mañana del Domingo de Ramos.


El nuevo trono, realizado por el tallista sevillano Francisco Verdugo en base a la idea inicial del ceramista Daniel García Romero, viene a sustituir a las tradicionales andas que en el año 1945 realizasen Antonio Castillo Ariza, Francisco Díaz y un señor Cantera que realizó los conocidos relieves de las cartelas, según los documentos que se conservan en el archivo de la Cofradía. Éstas se hicieron en tiempo record, ya que el encargo a los autores se realizó en agosto de 1944 y, apenas ocho meses después, comenzó a procesionar por las calles de Málaga.


LA GÉNESIS DEL PROYECTO.


En el caso que a continuación se expone, la Cofradía encomendó a varios autores y diseñadores la posibilidad de realizar el diseño del nuevo trono, con la finalidad de dar a los hermanos la oportunidad de decidir entre varias propuestas. Rafael Ruiz Liébana, Jesús Castellanos, Eloy Téllez, Félix Prini, Manuel Toledano y Daniel García Romero fueron los nombres inicialmente propuestos por la hermandad, de los que sólo los dos últimos llegaron a ejecutar un diseño. La resolución del mismo debía tener en cuenta tres premisas: que guardase líneas similares al trono procesional de la cofradía, la inclusión de arbotantes y la plasmación escultórica de un lenguaje iconográfico propuesto por el profesor Juan Antonio Sánchez López -explicado más adelante. Finalmente, la junta de gobierno y el cabildo de hermanos decidieron que fuese el diseño de García Romero el que se llevase a cabo.


Tras la elección del diseño, la cofradía contactó con varios tallistas malagueños y sevillanos a fin de conocer cuáles eran las posibilidades de construcción del nuevo trono de Jesús a su Entrada en Jerusalén. En base a dichas propuestas, la junta de gobierno acordó que fuese el tallista Francisco Verdugo el encargado de ejecutar el trono, realizando él mismo el desarrollo de todas las piezas y alterando visiblemente algunas de las características que inicialmente contemplaba el proyecto.



EL NUEVO TRONO.


La realidad pudo contemplarse, definitivamente, el 31 de enero del presente año, día en que se llevó a cabo la presentación oficial del nuevo trono del Señor de Pollinica. Un trono que aumenta sus dimensiones a lo largo, ancho y alto del conjunto, equiparándose al de la Virgen del Amparo en las dos primeras y superando en quince centímetros de cajillo a la pieza anterior.


La pieza parte de un baquetón ochavado decorado con motivos vegetales y geométricos en alternancia y en disposición diagonal, que parten desde el frontal del trono modificando el sentido de las hojas según la dirección. Sobre dicho moldurón reposa el resto del conjunto, compuesto por cuatro caras cóncavas y con alternancia de entrantes y salientes que aportan movimiento a todo el conjunto.


Partiendo desde el frontal, puede apreciarse que cada una de las cuatro caras presenta una cartela con grandes volúmenes vegetales de la que parten hojarascas que recuerdan a las estofadas del anterior trono. Entre la hojarasca, llegando a las cuatro esquinas, Verdugo ha incluido cuatro cornucopias, símbolos de la abundancia, de las que brotan flores realizadas en madera que, en el futuro, quedarán policromadas para dar mayor vistosidad al conjunto. La decoración vegetal queda envuelta por repetición de órdenes geométricos en su parte superior e inferior que guardan similitud, aunque con mejoría de la talla, con las que ya se podían contemplar en el trono de Castillo Ariza. En las esquinas destacan cuatro grandes conchas profusamente decoradas que parten desde una ménsula a la altura de la hojarasca del frontal y los laterales, que servirán de cobijo a las figuras exentas que irán en su interior. Para ejecutar las conchas y evitar claros, Verdugo ha dispuesto a cada lado de las conchas dos cascadas de flores de madera que suplen la carencia que la concavidad de estos elementos provocan con respecto a la linealidad del cajillo.


Del frontal del trono llama igualmente la atención, en diferencia con la trasera, la inclusión de la corona real sobre un cojín, al igual que ocurriese con el trono anterior, dado el carácter de Real Cofradía que Pollinica ostenta desde el año 1928. El cojín apoya sobre una ménsula geométrica que rompe con el barroco  imperante en el conjunto, aunque irá en consonancia con las cabezas de varal del nuevo conjunto.


En los laterales cobran fuerza los elementos que, a mediación de las dos mitades simétricas que tienen, rompen la monotonía: Dos pedestales que parten del mismo cajillo y acogen sendas ánforas de flores que, si bien no estaban en el diseño original, aportan mayor profundidad. Su ubicación, unido a la supresión de la chapa roja tras la rocalla, aportará un juego de luces, sombras y profundidad de las que el conjunto anterior adolecía.


El conjunto en madera queda rematado por seis arbotantes, cuatro de cinco brazos y dos laterales de tres, que aportan una iluminación simbólica, al salir la procesión de día, y que suprime –dejando añoranza incluso entre los miembros de junta de gobierno- las cuatro ánforas de flores de las esquinas, aunque aportando cuatro pequeños exornos florales en los laterales del cajillo, en alternancia con la nueva crestería.



LA IMAGINERÍA: FASE DOS DEL PROYECTO.


Una de los principales puntos fuertes del nuevo trono de Pollinica se encontrará en la imaginería, una parte del proyecto que se encuentra en ejecución y que volverá a contar con la figura del ángel negro –originariamente gitanillo como se explica en los archivos de la hermandad-, para despejar las dudas a tantos malagueños que preguntan por él.


El profesor Juan Antonio Sánchez López, que formó parte de la comisión artística inicial de la ejecución del trono, definía la propuesta realizada como un “retablo callejero” cuyo trasfondo fuese la exaltación mesiánica de Jesucristo como descendiente de la estirpe de David y como príncipe de la paz. El conjunto contará con cuatro grandes cartelas “que representan los episodios veterotestamentarios que constituyen las prefiguras bíblicas de la Entrada en Jerusalén y, por extensión, de la Realeza de Cristo, de su naturaleza como Mesías y Elegido de Dios y de su condición de Vástago de la estirpe real de David”. Todos estos pasajes pertenecen al Antiguo Testamento como testimonio de la ciudad de Jerusalén en la que Jesucristo acabará entrando triunfal.


El discurso iconográfico del trono comenzará en el lateral derecho –varal F- en su cartela, donde se representa el encuentro de Abraham con el rey Melquisedec. De esta manera se representa a cristo como Mesías en la figura del profeta y como rey en la del monarca. Melquisedec recibe a Abraham además con pan y vino, elementos posteriormente instituidos como la eucaristía.


La cartela trasera entroncará directamente con las dos figuras exentas de las esquinas, el profeta Samuel y el rey Saúl. En la cartela, el profeta unge al monarca como rey de Israel por designio de Dios, como símbolo de la naturaleza mesiánica de Jesucristo. Por tanto los protagonistas aparecerán repetidos dentro de la cartela y fuera de manera exenta y dialogante.


Continuando el discurso y el sentido del trono, en el lateral izquierdo –varal A- se encontrará el pasaje en el que el rey David entra triunfal en Jerusalén tras vencer a Goliat, con la cabeza del filisteo en la mano. David será recibido con gran alborozo por el pueblo al que ha venido a salvar –prefigura de la entrada de Jesús en Jerusalén- a los gritos de “Hosamna, bendito el que viene en nombre de Dios”. El mismo monarca aparecerá representado en la esquina y en la siguiente cartela, la frontal, al recibir danzando de alegría al arca de la Alianza en su llegada a la Ciudad Santa, exteriorizando con su baile la alegría por la llegada del Mesías. En la otra concha irá ubicado su hijo, el rey Salomón, finalizando el discurso en el cajillo. El espectador podrá, posteriormente, alzar su mirada y encontrar el sentido final viendo a Jesús entrando en Jerusalén como Mesías esperado y Rey de Reyes.


Para completar el discurso, el profesor Sánchez López ubica en los laterales del trono, en el hueco que queda entre los arbotantes y la cartela, a dos profetas sedentes: Isaías y Zacarías. El primero “profetiza la doble naturaleza divina y humana de Cristo, prefigurando el júbilo gozoso de su nacimiento y su revelación a los pueblos como Mesías” –grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su territorio, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo de Yahvé Sebaot piensa ejecutar todo eso. El Señor enviará un aviso a Jacob que caerá sobre Israel-, y el segundo “proporciona la imagen profética más viva y elocuente de la Entrada de Jerusalén, abundando al mismo tiempo en las cualidades mesiánicas y la Humildad suprema del Ungido de Dios” -¡Exulta sin freno, Sión, grita de alegría, Jerusalén! Que viene a ti tu rey: justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna-.


Finalmente, y rememorando los tradicionales angelotes del conjunto anterior, el trono volverá a contar con ocho querubines, uno de ellos de color, que aportarán alegría y dinamismo al cajillo.

jm
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