La configuración del desfile procesional. Simbología y protocolo

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Hablar de protocolo y vincularlo con el mundo cofrade puede ser una ardua tarea, y un auténtico quebradero de cabeza para quienes deben configurar un desfile procesional. Sin embargo, las cofradías son constantes entes en crecimiento y desarrollo, por lo que el futuro potenciará el cuidado y esmero en la puesta en escena de hermandades y cofradías en la sus estaciones de penitencia. Pasada la Semana Santa, analizando en frío los acontecimientos relacionados con esta disciplina científica, toca valorar y sacar provecho de aciertos y fallos.

 

CONSIDERACIONES PRELIMINARES


 

Como en cualquier estudio, no se puede partir de cero. Debemos poner en contexto la existencia del protocolo y su vinculación con el mundo cofrade. El protocolo se entiende como un conjunto de normas y procedimientos ante un determinado acto, establecidas por decreto o por costumbre. Dentro de la configuración de los actos, un desfile procesional puede entenderse como un acto público no oficial, ya que no lo organiza un organismo público, o bien como un acto privado, ya que cualquiera no puede ser partícipe de él, sino que requiere unos requisitos determinados propios de cada hermandad.

 

Una vez definido el desfile procesional, hay que tener en cuenta un pequeño detalle: El protocolo cofrade en sí no existe. Sus normas, generalmente establecidas por costumbre, provienen del desarrollo de años de procesiones, además de pequeñas pinceladas propias del protocolo civil, eclesiástico y militar, en aquellas hermandades en las que participan representantes de las fuerzas armadas.

 

Aquello que llamamos “tradición” en las procesiones puede ser una simple costumbre. Que la Legión acompañe al Cristo de la Buena Muerte no es una tradición, ya que no se aproxima aún a los cien años de vinculación. El caso de la Marina sí sería algo tradicional. El tiempo es el que constituirá esa diferencia entre tradición y costumbre.

 

Eliminadas estas dudas, ¿qué nos queda? Hay un factor importante: Nada es erróneo mientras no vaya contra la fe. Cada hermandad configurará su procesión como quiera, y no deberá estar equivocada, siempre y cuando se acepte el siguiente concepto: Son los Sagrados Titulares los verdaderos protagonistas de la procesión.

 

LOS TRASLADOS


 

Los traslados, procesiones extremadamente discutidas en los últimos tiempos, tienen su propio estilo de organización procesional. Las cofradías prefieren utilizar, para abrir dicho cortejo, la fórmula de procesión: Cruz guía y faroles. Sin embargo, el guión también puede ser aceptado como insignia que abra la procesión, representando a la cofradía entera, ya que anteriormente se usaba como guía de la procesión, de ahí su nombre1.

 

Tras las insignias procesionará la banda de cabeza de procesión si la llevase, y acto seguido lo harán los hermanos que porten cirios. Un traslado exige de la debida etiqueta, tanto para hombres como para mujeres. Si las mujeres van a participar en el desfile portando el trono, es altamente evitable el uso de tacones, dada la incomodidad del varal y de las calles con dicho calzado. Igualmente, si existe un cambio de turno en el trono, las personas que no lo porten en ese instante podrán llevar velas. Casos como el del traslado de Estudiantes, donde el turno no portaba velas, eliminaba cualquier sentido a que las personas estuviesen en la procesión sin cirios, casi de paseo.

 

EL DESFILE PROCESIONAL EN SEMANA SANTA


 

Llega la prueba de fuego para los organizadores de las procesiones en cada cofradía. Desde horas antes de la procesión, la maquinaria está puesta en marcha. La procesión presentará un orden determinado, establecido en los días previos, que debe estar controlado por los responsables de la misma.

 


La procesión se pone en la calle. Manteniendo un inicio similar (cruz guía y faroles abren la procesión, seguidos de la banda de cabeza, si la hubiere), la siguiente sección será la infantil. Erramos si excluimos a dicha sección trasladándola entre la cruz guía y la banda de cabeza. ¿Son acaso incómodos? Forman parte de la procesión, y su separación, como ocurrió el presente año en la procesión del Rescate, es incomprensible en cuanto a la organización se refiere.

 

Tras ellos desfilarán las insignias. En la simbología cofrade, las mazas y bocinas son elementos indiscutibles, al igual que los bastones. Las mazas son adaptadas del protocolo universitario y de las corporaciones locales; las bocinas, de las centurias romanas propias de la época de Jesucristo. Los bastones con el escudo de la cofradía son insignias también, por lo que deberán procesionar presentados. Generalmente son “bastoneados” como si de un esquiador se tratase. Aunque es una costumbre difícil de erradicar, debe revisarse esta fórmula, alzando el bastón y apoyándolo únicamente cuando sea estrictamente necesario. Otras insignias como estandartes pequeños, estandartes, guión, estatutos, Evangelios… se ubicarán donde la cofradía crea más conveniente, sin que el orden resulte extraño al espectador, siempre dentro del cuerpo de nazarenos.

 

Dos casos particulares en los desfiles procesionales son el báculo y el uso de la dalmática, tanto para acólitos ceriferarios como turiferarios. El báculo es una insignia propia de obispos y cardenales, desacralizada y que procesiona erróneamente en algunas procesiones portada por laicos. Igualmente las dalmáticas son vestimentas propias de religiosos, aunque se han adaptado a su uso por acólitos ceriferarios y turiferarios. Debido a la imposibilidad de encontrar sacerdotes para portar dichas insignias, en la actualidad se acepta su uso, pero poniendo a las cofradías como reto encontrar otros ropajes similares que los suplan, como ocurre con la figura del pertiguero.

 

Tras los penitentes, organizados según el propio criterio de cada hermandad, llega el turno de establecer la presidencia. Entendiendo que la cercanía al trono marca la importancia de la persona que desfila dentro de una presidencia, la cofradía establecerá el orden que más pueda interesarle. Dentro de una misma fila, el centro es el lugar de mayor relevancia, disminuyendo hacia los extremos de derecha a izquierda. Es decir, la persona que ocupe el lugar central tendrá máxima importancia, después la persona de su inmediata derecha, la de su inmediata izquierda y así sucesivamente. En caso de ser pares, será el del centro derecha el de mayor relevancia.

 

Sin embargo, en algunos desfiles procesionales acuden representaciones completas de instituciones de diversa índole. En casos como Estudiantes, Sepulcro o Paloma, con entes civiles, y como Mena, El Rico o Cautivo, con autoridades militares, las representaciones se organizarán de mayor a menor importancia al revés: Las primeras autoridades ocuparán los primeros puestos e irán seguidos del resto de participantes, precedidos por la bandera o banderín institucional, si lo hubiere. Configurar estas representaciones al revés podrían dar lugar a confusiones y no tendrían lógica.

 

Finalmente, en las procesiones deben tenerse en cuenta a las autoridades eclesiásticas. Por encima de cualquier persona, la máxima precedencia la ocupará el director espiritual, párroco o rector de la iglesia donde radique la sede canónica de la hermandad. Siempre procesionarán delante del trono, excepto en el Santo Sepulcro, que lo harán tras el mismo, debido a que son los primeros que acompañan a Jesucristo en su duelo, seguidos de todo el pueblo de manera simbólica.


El puesto de mayor honor será el que, finalmente, ocupen los Sagrados Titulares. Para ellos es la gloria, añadida con ciriales, incienso para purificar, música para acompañar. El respeto es el que, en este caso, debe imperar ante cualquier protocolo, evitando gritos, ensalzamientos inapropiados o actitudes indecorosas dentro del trono.

 

LAS MANTILLAS: EL SUSPENSO GENERAL


 

Mención aparte merecen las mantillas en la Semana Santa de Málaga. Queda mucho por aprender de esta figura, generalmente incorrecta en las procesiones, utilizadas “porque sí” en muchas ocasiones. Analicemos poco a poco.

 


La figura de las mujeres de mantilla representan en Semana Santa a las dolientes de la muerte de Jesucristo. Tradicionalmente, fuera de los desfiles procesionales, se usan el Viernes Santo para acudir a las iglesias a “dar el pésame” a la Virgen, que también viste de luto. Por tanto, su uso se limitará al triduo pascual (a saber para los no doctos, Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo). Cualquier mujer de mantilla que procesiones antes del Jueves Santo es un uso incorrecto.


Igualmente, la posición de la mantilla debe ser tras el trono del Señor, nunca en la presidencia ante el trono ni acompañando a la Virgen, ya que como "dolientes" van tras el fallecido.

 

La experta en protocolo María Visitación Santervás define claramente cuáles deben ser las características de la indumentaria de la mujer de mantilla: “La mantilla tiene que ser negra, con vestido también negro a media pierna (ni por encima ni por debajo de la rodilla), con manga al codo o larga. Se admite también chaqueta, abrigo o bolero, siempre y cuando los botones sean discretos y no resalten. La mantilla debe ir justo al borde de la falda sin sobrepasarla. La peina o teja, será en color marrón. Las joyas que pueden lucirse con la mantilla son pendientes y medalla: Los pendientes pueden ser cortos o largos, siendo lo más adecuados las perlas, los azabaches o los brillantes, pero que sean lo más discretos posible. En el cuello podemos llevar una cadena fina acompañada de una cruz o una medalla pequeña.

Los complementos que pueden usarse al vestir con mantilla son: guantes cortos de encaje negro, medias negras con costura atrás, Los zapatos negros, cerrados, de salón con tacón medio, el bolso pequeño, cartera o limosnera en color negro o de carey oscuro y rosario de plata o de azabaches”.

 

Revisando este fenómeno en la Semana Santa de la ciudad, encontramos mujeres con vestidos demasiado cortos, con excesivo escote y con encajes que transparentan brazos e incluso vientre y espalda. También mujeres con tallas excesivamente pequeñas, excesivamente pintadas (recuerden que participan de una estación de penitencia) y con actitudes excesivamente indecorosas, como hablar por teléfono o portar una cohorte de personas alrededor. El exceso nunca es bueno.

 

Estas actitudes y correcciones en la vestimenta de la mantilla deben ser controladas por la propia cofradía, que establecerá el criterio en base a unas señas de identidad propias. Estas puntualizaciones podrán servir para evitar que las mantillas vuelvan a ser el suspenso general.

 

PARTICIPAR EN LA PROCESIÓN


 

Finalmente, dado que la participación en la procesión conlleva una serie de comportamientos determinados, al ser una estación de penitencia. Este estudio implica más a la etiqueta, como guía del buen comportamiento, que al propio protocolo, pero es un apartado necesario en cuanto a las “meteduras de pata” observadas en los desfiles procesionales de la presente Semana Santa.

 

Como anteriormente se ha expuesto, la procesión es un acto penitencial. La penitencia pasa también por el sacrificio personal: Eliminar, como piden las cofradías, maquillaje y adornos como pulseras, pendientes o anillos. No en todos los casos ocurre, y el primer ejemplo debe ser el de los mayordomos responsables.

 


Igualmente, en la indumentaria del nazareno existe la constante lucha por las zapatillas deportivas. Incluso siendo negras, son calzado inapropiado. Al tratarse generalmente de niños, son los padres quienes deben velar por ello y no excusarse como ocurrió en Pollinica: “Son negras… pero tienen una raya blanca. No entiendo por qué hay que teñirle el zapato”. No debemos aceptar este fenómeno, aunque el betún actúe.

 

Aplicable a todos los participantes en la procesión, incluidos portadores, las tecnologías son innecesarias en todo momento del desfile. Este año no han sido pocos los tuits desde el interior de los mantos, foto incluida, o los nazarenos que han usado el dispositivo móvil para comunicarse con sus amigos. Igualmente, aunque estén en persona y no por Whatsapp, la compañía de personas externas a la procesión, por muy amigos que sean, es innecesaria. Amén de las “vaciladas” delante de los mismos, como la de un mayordomo que expresó: “No te preocupes, ahora si viene el responsable regaño a los nazarenos y cuando se vaya sigo hablando contigo”.

 

Finalmente, acabe la procesión o no, el hábito de nazareno no es un elemento para mantener como abrigo durante el resto del día. Si no fuese posible dejarlo en la casa hermandad o la parroquia al finalizar la procesión, hay que poner soluciones para desvestirse lo antes posible al acabar la misma. No es extraño ver nazarenos a altas horas de la madrugada aún vistiendo el hábito, o tras la no salida procesional, como el caso de la Sangre, visitando otras cofradías. Es responsabilidad de todos los cofrades dar un toque de atención, de manera siempre respetuosa, a quienes no entiendan el significado del hábito nazareno.

 

EPÍLOGO



El protocolo cofrade es una ciencia aún por descubrir. A través de unas leves pinceladas de la pasada Semana Santa podremos solucionar algunos de los errores más comunes o que más han llamado la atención. El trabajo es de todos a la hora de criticar dichos errores de manera constructiva, pero la búsqueda de soluciones pasará por las personas doctas en el tema para evitar que, en el lenguaje no verbal que conforma el protocolo, las cofradías no vuelvan a hacer el menor ridículo.

 

NOTAS



1. CARRERA, D. Lenguaje Cofradiero de Málaga. Urania. Málaga: 1982

2. SANTERVÁS RUIZ, M.V. Manual de usos sociales del protocolo: Urbanidad y buenas maneras. Málaga: 2012

jm
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