Protocolo y presencia en los desfiles procesionales

Valora este artículo
(3 votos)

Las cofradías buscan, en su puesta en escena de cualquier evento, la excelencia. Lo mejor para los Titulares y para la imagen de la hermandad en todo acto realizado depende, en muchas ocasiones, del criterio de la persona responsable de cada acto.


Sin embargo, el criterio ha sido siempre motivo de controversia en la historia de la Humanidad. El Sistema Internacional de Unidades surge del consenso general para establecer una fórmula de entender las diferentes medidas. El protocolo, en este caso, no es más que una serie de pautas que se nutren del consenso o de la propia historia.


El mundo cofrade, por su parte, cuenta entre sus múltiples cuentas pendientes con el establecimiento de un protocolo serio y con significado en todos sus ámbitos: cultos, actos sociales, celebraciones religiosas y salidas procesionales. De esta última nos ocuparemos en el presente artículo, que pretende poner las bases para las futuras procesiones de lo que queda de año.


Para el análisis de este artículo, se han utilizado a grandes rasgos cuantas procesiones no celebradas en Semana Santa se han desarrollado hasta la fecha en la ciudad en el presente año natural –Vía Crucis de la Agrupación de Cofradías, Extraordinaria de Expiración, Divina Pastora, María Auxiliadora, Corpus Christi, Trinidad, traslados, Sagrado Corazón, Rocío, Vía Lucis de Santa María del Monte Calvario-. De estas procesiones se desprenden una serie de generalidades que se tratan a continuación.


La vestimenta

Una de las grandes preguntas que se hacen los cofrades a la hora de salir en procesión, la vestimenta es de las más discutida. ¿Cuál es la mejor forma de salir en procesión? Ante todo, es importante no llamar la atención con el atuendo, eligiendo siempre colores suaves y evitando combinaciones que no casen entre ellas, tanto en hombres como en mujeres.


La vestimenta en hombres debe ser camisa y corbata con traje, a ser posible de color azul marino o negro. La camisa debe ir siempre por dentro del pantalón, puesto que es improcedente que vaya por fuera. En la solapa, la insignia de la cofradía u otro símbolo religioso, sólo una unidad. Cualquier otra insignia supletoria o aditivos como pegatinas o broches restan presencia. La medalla de la cofradía deberá lucirse únicamente dentro del cortejo, por lo que es obligatoriamente prescindible antes de participar o una vez que se abandona.


En el caso de las mujeres, la presencia es tan importante como en los hombres. El traje oscuro y la camisa siempre forman un conjunto apropiado para salir en procesión. En caso de participar de otra manera, deben utilizarse colores pasteles. La falda no puede ser más corta de la altura de las rodillas, igual que el escote, que debe ser recatado entendiendo que la participación en una procesión debe ser siempre respetuosa. Los zapatos deben ser planos o con poca altura, prescindiendo de los tacones, especialmente si sale en el trono.


En el caso de los niños, éstos deberán prescindir de cualquier ropa deportiva o que no vaya acorde a la elegancia requerida en estas situaciones. No todo vale en una salida procesional, y deben evitar colores y cortes de ropa provocativos, aunque la ropa permite más colorido que en el caso de los adultos.


Si la persona en cuestión va a ser portador o portadora de trono, es imprescindible prescindir de maquillajes extravagantes, colores de pelo que llamen la atención y eliminar cuantos piercings puedan apreciarse, ya que forman parte de una estación de penitencia.


El orden del cortejo procesional


                                     

Uno de los debates más amplios entre las filas nazarenas se encuentra en la ubicación correcta o errónea de un enser o una figura determinada dentro de la procesión. Para comprender la ubicación correcta de cada uno de los elementos que la configuran, tendremos que tener en cuenta el factor histórico, puesto que en algunas ocasiones se interpreta como incorrecto un uso determinado de la figura o el enser.


Comenzando por el inicio del cortejo procesional, el debate está servido: ¿Cruz parroquial o cruz guía? ¿Es correcto el uso del guión en la cabeza de procesión? En este aspecto, la historia ha ido modificando la cabeza de procesión, aunque siempre con un elemento común: la presencia de una cruz iluminada para abrir el cortejo.


La Cruz Parroquial fue, históricamente, la primera que abría una procesión. Dada la naturaleza parroquial de las cofradías, servía para anunciar al pueblo de qué iglesia procedía el cortejo que a continuación se presentaba por las calles. En la actualidad cumple su función delante o detrás del trono, dependiendo de cuál se considere la máxima presidencia. Posteriormente llegó el turno del Guión como insignia que, como su propio nombre indica, guiaba la procesión. Se trata de una bandera plegada y bordada por una cara. Su remate, originalmente, era de nuevo una cruz que precedía a todo el cortejo. Actualmente su situación en la procesión puede acompañar a la Junta Permanente o cerrar el grupo de insignias. El debate de la posición del guión, si al hombro o presentado, será tratado en otra ocasión futura. Finalmente, la Cruz Guía nació para ocupar su actual posición dentro del cortejo.


A continuación procesiona la banda de cabeza –si la hubiere- y los hermanos y devotos en filas siguiendo un orden de edad, ya que normalmente son los niños y jóvenes los que ocupan los primeros lugares. Esto no debe ser un lugar donde dejar a los menores pendientes de otros, puesto que a éstos hay que enseñarles a participar en el interior de un cortejo. Responsabilidad de la cofradía y de las propias familias debe ser llevar a cabo este cometido.


A medida que se acerca el trono, otras insignias pueden formar parte del cortejo, dada la naturaleza que tenga. En las procesiones antes citadas, tiene sentido la aparición de banderines y guiones sacramentales, banderas y estandartes, prescindiendo el cortejo de cualquier otro aditivo –mazas, bocinas, báculos o estandartes de Titulares que no procesionen en dicha jornada- En algunas ocasiones sirven de motivo para separar secciones de penitentes, no debiendo usarse para separarlas de la presidencia externa, que procesionará más cerca del trono que los hermanos.


Entrando en la presidencia de la propia cofradía, ésta normalmente procesiona en bloque portando bastones delante de las andas procesionales, si no desempeña alguna función dentro del desfile. Sin embargo, la junta de gobierno cuenta con una comisión permanente interna que representa por igual a la directiva de la hermandad. Es, por tanto, recomendable que sea ésta la que participe como presidencia de la hermandad, con la debida etiqueta, y acompañada del guión si fuese posible.


Finalmente, antes de llegar al trono procesional, procesiona el cuerpo de acólitos, dividido en dos secciones: turiferarios y ceriferarios.

 

En el caso de los turiferarios, la vestimenta se corresponde a un alba –generalmente mal llamada túnica- y un roquete –llamado alba entre quienes desconocen el nombre de dicha prenda- en el caso de los niños y jóvenes. Los adultos suelen adoptar la dalmática como capa superior, si bien su origen se encuentra en los diáconos y sólo éstos deberían portarla. Sin embargo, la imposibilidad de encontrar tantos diáconos como las cofradías necesitan y la extensión de su uso ha llevado a que las cofradías adopten esta prenda para el acolitado. Queda la opción de crear una nueva prenda, al igual que se hiciese en el caso del pertiguero, y evitar cualquier situación que pueda molestar a la Iglesia por el uso no correcto de la dalmática.


Los acólitos ceriferarios, acompañados del pertiguero, iluminan el camino que el trono procesional debe seguir. Su posición debería solventarse de otra forma, en los cuatro ángulos de las andas, pero el tamaño de las mismas distorsionaría su presencia, además de la variación histórica que ha derivado en su ubicación actual. Los ciriales, sin embargo, forman parte del cortejo como uno más y no encuentra sentido que se giren hacia el centro una vez que el trono se detenga, puesto que no se encuentran realizando escolta a la imagen, sino al pertiguero.


Una de las dudas constantes con respecto a la presencia de religiosos en la procesión, éstos suelen usar como código de protocolo propio hacerlo tras las andas procesionales. Sin embargo, entendiendo que la máxima precedencia debía ser la de la imagen devocional, éstos deberían pasar al puesto anterior al propio trono.


La presidencia externa

En el aspecto protocolario, la organización de la presidencia externa a la propia cofradía –hermandades, organizaciones, asociaciones, peñas- se convierte en un auténtico quebradero de cabeza para las cofradías. Su organización, sin embargo, es mucho más sencilla de lo esperado.


Para ello, la hermandad en cuestión debe valorar la relevancia de las instituciones que le acompañen en la presidencia, teniendo como premisa que la cercanía al trono se considerará un mayor honor. Si en una de las procesiones de esta índole participase una corporación en pleno, como pudiese ocurrir con el Ayuntamiento de Málaga, la representación irá de mayor a menor importancia, al contrario de lo que viene siendo habitual.


¿Qué ocurre cuando en una procesión concurren varias personas que deben organizarse en una fila? Generalmente las filas serán pares en número de cuatro personas o impares en número de cinco. Teniendo en cuenta que la precedencia de las filas va siempre desde el centro a los extremos en orden de mayor a menor importancia, en alternancia derecha – izquierda, se organizarán de dos maneras diferentes:


-Impares: La persona que se sitúe en el centro será la que tenga mayor precedencia, y la alternancia se cumplirá sin problema.

-Pares: Dado que no existe un centro unipersonal, será la persona que se sitúe en el centro-derecha quien tenga la mayor precedencia, seguida de quien ocupe la posición de centro-izquierda y manteniendo la alternancia.


Nota final

Las bases de este artículo tienen como objetivo concienciar a cuantos cofrades lo lean de la importancia que tiene la organización de un cortejo procesional. El orden y el protocolo sirven para mejorar la presencia de una procesión, y seguramente quede mucho por andar, pero es importante sentar las primeras bases mínimas exigibles para una correcta salida.

jm
Más en esta categoría: « Una cuestión de tiempo y calles La “inventiva” iconográfica dieciochesca: Fray Isidoro de Sevilla y la Divina Pastora »
volver arriba