El futuro trono del Resucitado

EL DESAPEGO A UN CONCETO ESTÉTICO.


Es la procesión del Domingo de Resurrección la que, a pesar de su veteranía -concurre desde que existe la propia Agrupación de Cofradías-, sigue generando el mayor desdén posible entre los cofrades y el público de a pie. Año tras año, con mayor o menor vehemencia, se suceden las consideraciones de toda índole por las que esa manifestación pública de fe, vertebral en la del cristiano, parece no funcionar en Málaga como podría. Razones las habrá de todo tipo, por supuesto, pero el desapego parece nacer de una escasa identificación estética con lo que se procesiona, como veremos.

 

La efigie del Santísimo Cristo Resucitado, obra de José Capuz Mamano realizada entre 1944 y 1946, por un lado, es defendida desde el punto de vista artístico como una obra singular y de excepcional calidad en el contexto de la escultura procesional de Málaga. De impronta clásica en su configuración volumétrica, posee una cuidada y serena anatomía. En abierto contraste con esos valores más o menos tradicionales, se producen unos interesantes y valientes trazos gestuales en los paños que parecen desgajarse en torno suyo, ostentando una clarísima vinculación con la fragmentación de planos originada en el cubismo. En suma, un Cristo equilibrado, sobrio, ensimismado y adscrito a un realismo clásico pero estilizado con aires de vanguardia[1]. Sánchez López va mucho más allá al declarase claramente a favor de la permanencia de la imagen, arguyendo que existe un acalorado e injustificado rechazo por un público escasamente preparado para esfuerzos intelectuales que trascienden más allá del consabido realismo epidérmico y neobarroco[2]. Como todos podemos intuir, la esfera de emociones de la Semana Santa poco entiende de conceptos elitistas del arte, y en su aquilatado anacronismo de siglos se decanta por opciones protridentinas que siguen buscando la eclosión del sentimiento religioso muy por encima de otras valoraciones de índole mucho más racional.

 

En el otro extremo de la valoración, hay un fuerte sector de opinión que recrimina el escaso potencial procesionista de la obra (ya Agustín Clavijo lo tilda de más museístico que procesional[3]), aduciendo diferentes características de las que podría adolecer. Si tratamos de compendiarlas someramente, parece que se echa en falta una policromía menos plana y un aspecto no tan monolítico, amén de una expresividad que se antoja ausente. En cuanto a lo primero, también el Profesor Sánchez López arroja algo de luz al considerarla primero un problema y después un fallo, tachándola de blanquecina y acudiendo a citas que la describen como evidente atenuante de las excelentes cualidades plásticas de la talla[2]. Por su parte, y con el gracejo especialísimo de que hacía gala, Lola Carrera nos dice que no es la talla de un Cristo triunfante en su Resurrección, con defectos de modelado (pelo y barba) y policromía desteñida, no recordándonos nada la hechura de este Cristo a la raza judía, y por su colorido más bien se podría situar entre los naturales del norte de Europa[4]. Del aspecto simplificado de los volúmenes, cabría cuestionarse si la pieza fue configurada exprofeso para la hornacina de un retablo, como las vírgenes-trono medievales, que adolecen de una supeditada visión frontal. Una vez en las andas procesionales, y contemplada desde los múltiples ángulos que eso supone, comprobamos que la imagen sagrada se transmuta en tótem: Compacta, con escasas concesiones al dinamismo y sin apenas zonas de vacío que contrarresten visualmente la masa; así es la escultura de este Jesús Resucitado, airoso e impávido[5], que dirían unos, y diametralmente lejano de la familiaridad hiperrealista del barroco. En cuanto a su hieratismo, parece una referencia elevada al trasfondo espiritual de la Resurrección, muy alejada del clásico concepto triunfal de Jesús airoso portando un lábaro ondeante, hecho que sí reflejaba la antigua imagen atribuida a Fernando de Ortiz.

 

Esta obra de Capuz ha gozado de un afecto muy distinto al que otras obras contemporáneas han disfrutado. Las obras de Benlliure, Ortega Bru o los Palma, que también parecen haber renovado los códigos de la escultura procesional introduciendo con matices un lenguaje moderno, sí se han granjeado la comprensión y el favor -devocional- del pueblo. Con el Resucitado no parece andar cerca una posible reconciliación; la desafección es tal que parece subsistir un debate paralelo, no oficial, entre aquellos que estarían dispuestos a sustituir la talla por otra más afín a la sensibilidad cofrade. Y esto incluso después de que el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico accediese a su restauración en 2007, validando así su crucial aportación. Caso análogo encontramos en el fracaso del grupo escultórico de la Glorificación de la Soledad, del escultor Juan de Ávalos, que jamás enraizó en el concierto procesionista y mucho menos en el sentimiento popular.

 

En otro orden de cosas, hay que resaltar que tampoco ha jugado muy a favor de la imagen la ausencia más o menos justificada de las figuras secundarias. Es desde 1983 que no procesionan los dos soldados recostados que hacían guardia junto al sepulcro de Jesús. Con una configuración bastante más naturalista, y a diferencia de la pieza central, estos sayones sí fueron realizados con la referencia de modelos humanos, y podrían completar, dinamizándolo, el pasaje evangélico. En ese sentido, también acabarían compensando el aspecto hierático y ausente que tanto se le achaca a este Jesús sobrehumano, desposeído ya de toda naturalidad terrena.

 

EL TRONO ACTUAL DEL RESUCITADO (1983) 

 

A la difícil sintonía entre público e imagen podríamos sumar la contrapartida de venir utilizando un trono procesional en el que nunca ha encajado artísticamente. Fue en 1983 que se estrenaba la labor completamente finalizada de talla en madera, imaginería, dorado y pintura al óleo, destacándose en la propia reseña de La Saeta de ese año[6] el ajustado presupuesto de dos millones y medio de pesetas, límites sobrepasados solamente por su entrega y dedicación -en referencia al autor del diseño y la talla, Miguel García Navas-. En la misma carta de presentación, se elogiaba la novedad que suponía un trono realizado exclusivamente por autores malagueños, en detrimento de los talleres sevillanos y cordobeses que hasta ese momento venían monopolizando la producción artesanal cofrade.

 

Varios son los elementos que han reflejado la inexistente comprensión del público hacia este trono: En primer lugar, los altisonantes y efectistas ángeles mancebos que enarbolaban campanillas agazapados sobre los plintos de las esquinas del trono. Estas cuatro esculturas policromadas, de proporciones cercanas a las del natural, rivalizaban de un modo casi grotesco con la evidente nobleza de las facciones del Resucitado. A pesar de ostentar una correcta anatomía, la algarabía de sus gestos distaba mucho de la solemnidad que envuelve, como aura, al titular de la Agrupación. Siendo así que finalmente fueron suprimidos definitivamente en la Semana Santa de 1997, en la que por primera vez se situaron ánforas en su lugar, optando por un exorno floral de color rojo sacramental. Por otra parte, un anodino estilo pseudorrenacentista -o Renacentista algo abarrocado, en palabras del propio autor-, consistente en una pobre cornisa y una escueta organización de pilastras y paños alabeados sin apenas ornato, con un triste acabado en tono crema en las zonas desprovistas de pan de oro. Finalmente, la inapropiada utilización de la técnica pictórica para ornamentar de un modo más kitsch que armonioso las diversas cartelas de su perímetro.

 

EL TRONO DE PÉREZ HIDALGO (1955). 


 Lo más difícil de asumir de las actuales andas procesionales, habida cuenta de lo inadecuadas que han resultado desde el principio, es que llegaron para sustituir a un trono más que digno ejecutado por el tallista también malagueño Pedro Pérez Hidalgo. Pero no fueron aquellos años 80 tiempos en los que partir de la propia historia. Muy al contrario, se tomó partido por una simplificación que reducía las dimensiones del cajillo e imposibilitaba la puesta en escena del grupo escultórico de la resurrección al completo. Ahora parecen esgrimirse un par de razones: De un lado, que los sayones recostados suponen un peso excesivo, y de otro, que los múltiples ensambles de dichas esculturas desaconsejan su procesión. Argumentos uno y otro que no hacen sino enmascarar la realidad de que muy probablemente se eche de menos un cuerpo de portadores nutrido y efectivo para tal fin.


 En cuanto al trono en que el Resucitado de Capuz procesionó por primera vez -obviando los tronos de flores provisionales de los primeros años-, habríamos de recordar que en octubre de 1954 se convocó un concurso de artistas con la intención de elegir un proyecto definitivo: El trono responderá al estilo barroco. Las medidas habrán de sujetarse a la anchura de la puerta de la parroquia de los Santos Mártires […]. El trono, las cabezas de varales y la crestería serán doradas a brillo con oro medio de la mejor calidad[6]. El diseño ganador fue, como ya hemos dicho, del escultor Pedro Pérez Hidalgo, quien entonces era acreedor de gran parte de la confianza de los cofrades, realizando una ingente labor como diseñador y tallista de tronos. Sin embargo, los constreñidos condicionantes dieron lugar a un resultado no tan ambicioso como el dibujo preparatorio tenía previsto: De un lado, la limitación de 50.000 pesetas para el coste máximo de la obra; de otro, la rápidez exigida en su ejecución, pues el trabajo debía llevarse acabo en el exiguo lapso contenido entre la firma del contrato (1 de diciembre de 1954) y la cuaresma del año siguiente (10 de marzo de 1955). Como se ha dicho en numerosas ocasiones, Pedro Pérez Hidalgo era mucho mejor artista de lo que las condiciones de su tiempo -la escasez de medios y la búsqueda del efectismo con escasos recursos, propios ambos de la posguerra- le dejaron ser. El resultado, bastante tosco en la talla ornamental, atesoraba sin embargo una airosa concavidad aderezada con el aire triunfal de cuatro ángeles trompeteros en las esquinas, bastante más respetuosos con el grupo escultórico que los postreros de García Navas. El conjunto, tal y como fue procesionado en aquellas décadas, resultó bastante más equilibrado y lógico que el deslavazado e insustancial aspecto que ofrece todavía.

 

 


EN POS DEL TRONO DEFINITIVO: UN CONCURSO EN EL OLVIDO (1992)

 

Tan sólo una década después de que se estrenase el trono actual, la Agrupación convocó un nuevo concurso de proyectos[8], con lo que se ponía de relieve el rápido descontento con una obra que debía haberse erigido como permanente. Reuniendo varias similitudes con el proceso por el que se eligió en su momento el proyecto de Pérez Hidalgo, se establece un notorio paralelismo: El estilo del trono tendrá que ser barroco -¿desconfianza hacia el raro eclecticismo del trono de García Navas, de un insulso renacimiento poco ortodoxo?-, a realizar en madera tallada, policromada y dorada. El ancho no podrá ser superior a 2,70 metros, medidas de la puerta de San Julián […]. La figura del Resucitado deberá surgir del Sepulcro, y se debe contemplar la posibilidad de reintegrar a la representación del misterio las figuras de los dos guardias romanos. En esta ocasión fue Cafés Santa Cristina, empresa malagueña muy ligada a la financiación de trabajos de restauración y conservación del ajuar de las cofradías, quien dotó dicho premio con un generoso montante de 500.000 pesetas -exclusivamente como dotación para el diseñador, sin tener en cuenta ningún aspecto de su ejecución posterior-, para lo cual se establecieron unas rigurosas bases a las que accedieron un total de nueve artistas con sus correspondientes proyectos.

 

Uno de los aspectos más curiosos de este concurso, dado el carácter anónimo con que los trabajos fueron presentados y expuestos hasta el momento del fallo, es que no ha quedado constancia alguna de quiénes fueron todos los artistas integrantes de esa nómina de participantes. En las actas recogidas al efecto por la Agrupación de Cofradías, tan solo queda registrado el lema con que cada uno de los diseños fueron presentados bajo plica a concurso, existiendo una relación de dichos títulos[9]. Ni el archivo fotográfico de la Agrupación posee actualmente referencias gráficas de aquella exposición de los diseños, ni la prensa local publicó más que detalles apenas reconocibles; lo que sabemos pues de aquella pléyade de artistas pertenece exclusivamente a una limitada memoria colectiva. Gracias al estilo reconocible de algunos de los autores que se presentaron, podemos decir que, junto al ganador del concurso, Salvador de los Reyes Rueda, también mostraron sus dibujos Fernando Prini Betés y el taller de Manuel Toledano Vega -aunque fue su hijo Manuel Toledano Gómez quien hizo el dibujo, tal y como nos ha confirmado personalmente-. Ni Jesús Castellanos Guerrero -que por incompatibilidad con las bases del jurado, al pertenecer a la junta de gobierno del ente agrupacional, no presentó proyecto- ni Eloy Téllez Carrión, emblemáticos y prolíficos diseñadores, realizaron dibujo alguno para tal fin. Quedaría poder desentrañar algún día quiénes fueron los restantes seis artistas de los que no queda noticia documentada sobre su participación ni fuentes gráficas acerca de su trabajo.

 

En junio de 1993 se reunió el jurado de dicho concurso al objeto de deliberar para premiar a uno de los trabajos[10]. A diferencia de lo que cabría esperar, no se le otorgó ningún valor a la posibilidad de erigir un jurado cualificado en estas lides artísticas, sino que el mismo se compuso, sencillamente, por las personas que entonces regían la Junta de Gobierno de la Agrupación, la mayoría de ellas hermanos mayores de sus respectivas cofradías. El proyecto número 8, bajo el lema “In lucem edi”, y correspondiente al joven Salvador de los Reyes Rueda, resultó votado por el amplio margen de 13 votos sobre el resto de cinco votos emitidos hacia otros tres trabajos.

 

¿Qué aportaba ese diseño para ser el elegido? Muy seguramente, las trazas generales y no tanto el detalle ornamental o la calidad del dibujo, toda vez que el mismo diseñador aseguraba que se trataba de un proyecto muy malagueño[11]: Me he inspirado en el denominado “trono de carrete”, el más típico, el de más sabor malagueño. He exagerado un poco las proporciones para identificarlo con los tronos que se procesionan en Málaga. […] Representa un sarcófago, la tumba de donde sale la imagen. Efectivamente, y tal y como él mismo describe en su memoria formal[12], esta forma de carrete aparece principalmente en el frontal del trono, mediante el estrangulamiento de su perfil, ayudado por la alternancia de planos cóncavos y convexos en el mismo. En su dibujo, Salvador de los Reyes muestra una particular predilección por un lenguaje grandilocuente en sintonía con los tronos malagueños de décadas anteriores, como los de Cristobal Velasco, en los que grandes roleos y volutas imprimían un exaltado efectismo. Producto de la inexperiencia de su incipiente carrera, el dibujo poseía todavía cierta incapacidad para transmitir cualidades volumétricas en un proyecto que necesariamente pasaba por una correcta interpretación de las mismas. Así, diversas fuentes orales de la Agrupación de Cofradías aseguran que el proyecto adolecía de algunas inviabilidades técnicas, como al parecer se constataría al tratar de solicitar presupuesto económico en algunos talleres de talla en madera. Estas razones pudieron paralizar la empresa hasta el punto de que jamás haya sido realizado, si bien hay también quien asegura que la junta de gobierno de entonces, capitaneada por Jesús Saborido, mostraba mucho más interés en ejecutar un trono para la reciente Sagrada Titular, María Santísima Reina de los Cielos, imagen de Luis Álvarez Duarte que fue bendecida en aquellos años. Ello también podría haber relegado este proyecto al ostracismo en que se encuentra.

 


EL PROYECTO DE FERNANDO PRINI (1992) 

 

No querríamos cerrar este estudio sin hablar de unas de las piezas que, por las evidentes cualidades plásticas que encierra, podría considerarse como el más refinado y armonioso diseño de cuantos concurrieron al concurso: el proyecto de Fernando Prini Betés. Bajo el lema “Incensario”, el diseñador presentó un proyecto con el que puso de relieve sus excepcionales aptitudes para el dibujo. No contento con exponer de un modo clarificador los volúmenes sinuosos de la planta del trono -mediante un hábil dominio de la perspectiva y el claroscuro-, Prini coloreó de un modo exhaustivo su pieza hasta conseguir los delicados matices del dorado de su superficie bruñida y la comedida y elegante gama cromática de la imaginería.

 

Para el esquema estructural del trono, imaginó una composición clásica de cajillo que remite a los canastos sevillanos del Barroco, como el de Jesús del Gran Poder (obra de Francisco Ruiz Gijón entre los años 1682 y 1692), paradigma de otros muchos modelos que en Málaga han tenido su reflejo -tronos de la Cena, el Rescate, la Agonía, por poner algunos ejemplos-. Por tanto, el perfil ondulante de sus respectivos frentes poseen la siempre sugerente dinámica de la arquitectura barroca italiana, génesis de la microarquitectura de los pasos procesionales barrocos. En las esquinas, el cajillo remata en una suerte de pilastras abalaustradas donde encontramos cuatro angelillos sedentes enarbolando sendas trompetas en evidente homenaje a aquel trono de Pérez Hidalgo que ostentaba similar iconografía. Los laterales, por su parte, servían de acomodo a dos ángeles de igual factura ensimismados en la contemplación del misterio. Las cartelas, diseminadas en dos proporciones por el perímetro de los paños calados, contenían la iconografía, y el conjunto se acababa iluminando por cuatro esbeltos arbotantes que se izarían grácilmente en torno al Resucitado.

 

2012, ¿UN PUNTO DE INFLEXIÓN? 

 

¿Podría ser la coyuntura electoral presente una clave de no retorno? La candidatura de Eduardo Pastor ha sido la única en incluir en su programa la ejecución de un nuevo trono para el Resucitado, algo que no obstante ya venía siendo discutido a lo largo de la legislatura de Rafael Recio. Está claro que la Agrupación de Cofradías debe atender muchos otros aspectos, pero, ¿retomará este testigo, afrontará este reto? Y lo que más nos preocupa: ¿Planteará la realización de ese futuro trono desde un proceso serio y reflexivo? A nuestro entender, hay mucho que decir en torno a cómo debiera procesionar el grupo escultórico, al completo, de José Capuz. Probablemente en un trono cuyas líneas hagan justicia al estilo severo y elegante de nuestro Resucitado, quizá en un lenguaje artístico diferente al barroco. Hasta encontrar una armonía que haga indisoluble el conjunto conformado por imágenes y trono. Y para ello contamos en Málaga con los artífices adecuados. Sus nombres se encuentran entre estas páginas.

 

[1] ABADES, Jesús: El Resucitado malagueño de José Capuz, en La Hornacina, Málaga, Septiembre 2005. Enlace: http://www.lahornacina.com/articulosresucitadocapuz.htm

 

[2] SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio: El alma de la madera. Cinco siglos de iconografía y escultura procesional en Málaga. Edición de la Real y Excma. Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Santo Suplicio, Santísimo Cristo de los Milagros y María Santísima de la Amargura. Málaga, 1996, p. 364-365.

 

[3] CLAVIJO, Agustín: Semana Santa en Málaga. La Semana Santa malagueña en su iconografía desaparecida, Vol. 2, Ed. Arguval, Málaga, 1987, pp. 232-235.

 

[4] NAZARENO VERDE: Lenguaje cofradiero de Málaga, Málaga, 1982, p. 148.

 

[5] AYALA SAURA, Juan: Las manos de José Capuz, en Escuela de Imaginería, nº 32, Córdoba, 2002, pp. 2-5.

 

[6] Este año estrena nuevo trono el Resucitado, en La Saeta, Málaga, 1983, pp. 33-37.

 

[7] Bases para el concurso de construcción del nuevo trono para el Santísimo Cristo Resucitado, en Archivo de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, Octubre, 1954.

 

[8] Concurso nuevo trono del Resucitado, en La Saeta, Málaga, 1993, p. 9.

 

[9] Certificado de cierre del concurso de presentación de proyectos de tronos para el Stmo. Cristo Resucitado, en Archivo de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, 30 de Diciembre de 1992.

 

[10] Acta de la votación secreta para el concurso de proyecto del nuevo trono procesional del Santísimo Cristo Resucitado, en Archivo de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, 15 de Junio de 1993.

 

[11] CONTRERAS, Rafael: Salvador de los Reyes. Ganador del concurso de proyectos para el trono del Santísimo Cristo Resucitado (entrevista), en Diario 16, Málaga, Agosto, 1993, p.18.

 

[12] DE LOS REYES RUEDA, Salvador: Proyecto de nuevo trono para el Santísimo Cristo Resucitado, titular de la Agrupación de Cofradías. Descripción formal e iconográfica, en La Saeta, Málaga, 1994, p. 15.

jm
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